Mi primer secreto para ser feliz

Antes que todo, debo decir que solo yo conozco lo que soy, no hay persona más conciente de mis defectos que yo; por eso todos los días lucho por mejorar. Me he dado cuenta que en nuestras vidas, una de nuestras actividades favoritas es juzgar a otros, por que si no lo hacemos, entonces ¿De qué hablaríamos?¿Cuál sería la novedad?. Nos fijamos en lo mal que está actuando una persona, pero nadie se pregunta ¿Po qué?, ahí está el secreto; si una persona actúa mal en determinada situación debe de ser por algo, ¿Acaso tiene problemas familiares?¿Una vida difícil?… es lo más probable. No conozco persona en el mundo que no tenga problemas, nadie amanece todos los días con una sonrisa en el rostro. Está en nosotros mismos desarrollar un valor que considero escencial <la empatía>, ponerse las botas del otro; ayudar, comprender, entender, fijarse en sus virtudes y rescatarlas, preocuparse y preguntar ¿Cómo estás?, pero no por compromiso, si no porque realmente te interesa y ESCUCHAR, eso es lo único que necesitan las personas algunas veces, SER ESCUCHADOS.

Desde que aplico la empatía en mi vida puedo ser feliz, querido lector, ¡¡usted no es siempre la víctima en todo!¡Usted no siempre tiene la razón en todo!, póngase las botas del otro.

 

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Lo esencial es invisible a los ojos

Hoy me pregunté ¿Qué les estamos enseñando a los niños en estos tiempos?, y es que un padre preguntó a su hija “¿Quién es más bonita; tú o la chica que va a tu lado?”, ella inmediatamente respondió: “Ella”, me quedé callada, seguramente más preocupada por los enredos de mi mente y mis problemas que por aquella niña tan tierna a la que le estaban enseñando a juzgar a la gente por su apariencia física, esto es lo que estamos logrando, niños con baja autoestima, niños que sobre valoran el exterior de los seres humanos, niños hechos al antojo narcisista de la sociedad.

En seguida, después de reaccionar completamente a la situación vino a mi mente la emblemática frase de Antoine de Saint Exupery:  “Lo esencial es invisible a los ojos”; como me hubiese gustado decirle esas palabras a esa inocente, ella tiene que saberlo, espero que algún día lo pueda entender por si misma, ella era la más hermosa; su inocencia, su mirada, su ternura, su sencillez, eso es lo que la hacía mucho más hermosa que aquella muchacha.

Estamos acostumbrados a ver el mundo de una manera realmente decepcionante,  atrofiados por la mercadotecnia, por la apariencia, por lo asombroso, lo bonito, lo perfecto… y nos estamos olvidando de lo ESENCIAL, de cultivar desde pequeños esa semillita de los valores humanos; que para mi, es una de las cosas primordiales que se les debe enseñar a los niños desde temprana edad, nos estamos olvidando de enseñarles a ver el mundo desde el lado de los sentimientos, ese lado afectivo que une a las personas.

Enseñemos a nuestros hijos otra forma de ver al mundo, desde el interior, desde aquello que muchos llamamos “alma”, de lo poco descifrable, lo realmente importante del ser; ese punto de partida que nos hace diferentes. Si con los ojos del corazón viéramos, tal vez se venderían más ideas, pensamientos y libros que cuerpos y caras bonitas.

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La infidelidad en otro nivel

Esta semana en la oficina me tocó escuchar a una mujer, madre e hija contarme, entre lágrimas, la historia de la infidelidad de su marido con su propia hermana, le pregunté ¿cómo los descubrió?, me dijo: “En mi casa, en mi propia cama, con mi hijo durmiendo a lado”.
Puedo entender la infidelidad en sí, es algo que se ve diariamente en esta sucia sociedad, pero ¿infidelidad con familiares? Eso ya es otro nivel, ¿hasta qué punto puede llegar un ser humano hasta convertirse en monstruo? Una persona que no reconoce el dolor ajeno, el dolor de un hermano, de un primo o un ser querido ¿cómo es que se puede llamar humano?.
Las personas malas existen y a veces viven en tu propia casa, comen en la misma mesa, te sonríen, te miran a los ojos sin sentir remordimientos, esto realmente existe y yo aún estoy en la fase de negación, tanto tiempo en mi mundo perfecto que salir a descubrir el mundo como tal es algo desalentador.
Reflexiono una y otra y otra vez, me niego a creer tanta maldad, me pongo en el lugar de la víctima y veo sólo oscuridad.
Es el pan nuestro de cada día.

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Este año murió gran parte de mí, es reconfortante porque lo que murió, tenía que morir para que nazca una mejor persona. A un lado quedó esa chica egoísta que para estas fechas sólo pensaba en su regalo de navidad, el regalo más costoso, la mejor ropa, me he olvidado de todo eso, no quiero un regalo de navidad y no sólo no quiero un regalo, si no que en verdad pienso que no necesito más, no necesito cosas materiales o lujos, lo único que deseo en este momento es ser mejor persona que ayer, ser feliz, evitar los malos pensamientos, evitar la envidia, el interés por las cosas banales de la vida y lo que realmente quiero el próximo año es ser feliz y ver feliz a los míos.

Siento que una parte de mi lucha contra esa persona renegona, criticona, envidiosa que soy. La batalla la está ganando esa persona más sensata, que piensa primero antes de herir, que se disculpa, que dialoga antes de juzgar y al fin acepté que todos piensan diferente y que hay que respetar la opinión del resto del mundo. Es verdad, mejoré, pero aún no he ganado la guerra. Ser mejor persona es mi meta.

Después de un duro cuestionamiento sobre el mundo, los sentimientos, las persona y dios, al fin pude tomar la decisión de ser atea, dejar de creer que dios maneja mi vida fue un gran paso en este año, ahora debo empezar a actuar por mi misma, dios no es el culpable de la miseria, dios no es el responsable de mis triunfos, el ser humano es el arquitecto de su destino, yo puedo hacer grandes cosas, yo elijo si lo haré para bien o para mal, yo he elegido el bien, es así como me siento feliz.

Conocí el mundo laboral, ya casi aprendo la lección de no llegar atrasada. Me enorgullece lo bien que puedo llegar a hacer mi trabajo, he aprendido mucho gracias a todas las veces que me equivoqué. Mi meta es conseguir un trabajo que me permita ayudar en esta crisis económica a mi familia y sé que lo lograré porque hoy más que nunca me siento capaz.

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100 cosas que odio de mi.

1. Odio siempre recordar lo que una vez me hizo daño, odio recordar personas y errores.
2. Odio darme tiempo para perder y no aprovecharlo.
3. Odio tener siempre algo que criticar.
4. Odio odiar a otras personas.
5. Odio lastimar con intención.
6. Odio decir las cosas de manera cruda y sin arreglar mis palabras con cortesía.
7. Odio no darme el tiempo suficiente para leer.
8. Odio ser mi propia enemiga.
9. Odio no haber acudido a aquella cita.
10. Odio no haber dicho “mucho gusto” a tiempo.
11. Odio creer que las personas tienen buenas intenciones siempre.
12. Odio apreciar más los defectos que las virtudes de las personas.
13. Odio no tener temas de conversación.
14. Odio mi desorden mental.
15. Odio dejar de lado la amistad en mi vida.
16. Odio darme cuenta de mis terribles defectos.
17. Odio no arreglarme los domingos.
18. Odio mi arrogancia.
19. Odio amarte.
20. Odio no ser hipócrita como todos los demás.
21. Odio perder el tiempo en las redes sociales y al final del día seguir con el mismo número de amigos que ayer.
22. Odio no poder llorar todo lo que quisiera porque el dolor de cabeza siempre me lo impide.
23. Odio inventarme excusas para tener la razón.
24. Odio desaprovechar mis viajes con recuerdos tristes.
25. Odio no tener respuestas para todas mis preguntas.
26. Odio que el tiempo siempre vaya delante mío.
27. Odio no ser lo suficientemente constante para terminar todo aquello que empiezo

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Hoy respiro…

Es curioso como la vida te golpea, te soluciona los problemas, altas, bajas, es increíble como funcionan las casualidades.

Esta semana a sido realmente tormentosa, el estres, la falta de tiempo para darse un descanso, trabajos, estudios casi hacen que colapse, sin embargo había algo que me mantenía en pie, una pequeña gatita, llamada Cali que rescaté de un parque, a pesar de lo cansada que me sentía, ella se encargó de alegrar mi semana, la sensación hermosa de salvar una vida me reconfortaba, me hacía sentir que todo marcharía bien, opacaba los problemas, resaltaba las soluciones.

Ahora las oportunidades que se me han presentado han hecho que asuma nuevos retos, situaciones no imaginadas hacen que mi yo personal pueda desarrollar sus capacidades y trascender un poco en el ámbito profesional.

Que agradable es sentir que hay personas que te apoyan, te llaman y se preocupan por ti, la familia es mi eje fundamental de felicidad. 

Hoy al fin respiro y mañana vivo.